Las Vegas quiere dejar de ser para todos: Y eso abre una conversación incómoda sobre el turismo de bodas
En el reportaje de Perfect Union, medio independiente ganador de un Emmy, se expone una tensión que muchos destinos prefieren no verbalizar: Las Vegas está ajustando su modelo para enfocarse en un visitante de mayor poder adquisitivo, aunque eso implique perder volumen.
Scott Roeben, fundador de Vital Vegas, lo plantea sin rodeos: Los grandes operadores del Strip —principalmente MGM y Caesars— responden a una lógica corporativa clara: ingresos por visitante más altos pueden compensar una caída en el número total de turistas.
Ese enfoque coincide con un fenómeno económico más amplio: la llamada economía en forma de K.
La economía en K y el turismo
En una economía en K, el segmento de mayores ingresos continúa creciendo y gastando, mientras el resto reduce consumo. La recuperación no es uniforme; se bifurca.
En turismo esto se traduce en algo concreto:
El viajero de alto poder adquisitivo mantiene o incrementa gasto.
El visitante medio se vuelve más sensible a precios, fees y percepciones de valor.
Según la Las Vegas Convention and Visitors Authority (LVCVA), la ciudad recibió 38.5 millones de visitantes en 2025, un 7.5% menos que el año anterior. Al mismo tiempo, el ingreso por juego y el ticket promedio en ciertos segmentos se mantiene fuerte.
Desde la lógica corporativa, el ajuste tiene sentido: menos visitantes, mayor gasto por persona. Desde la lógica territorial, el movimiento es más complejo.
Subir de segmento implica redefinir identidad
Muchos destinos expresan el deseo de parecerse más a enclaves de lujo consolidados, como Mónaco. La aspiración es clara: exclusividad, eventos globales, posicionamiento premium.
Sin embargo, Mónaco fue concebido desde sus inicios como enclave de alta gama mientras que Las Vegas fue construida como espectáculo accesible y teatral.
Modificar esa identidad no es un simple reposicionamiento de marketing. Implica ajustar productos históricos, dinámicas laborales y expectativas del visitante. El reportaje de Perfect Union muestra esa fricción a través de testimonios de trabajadores locales que ya perciben la contracción en ciertos segmentos.
Y aquí es donde entra el tema que casi nadie está discutiendo.
¿Qué pasa con el wedding tourism?
Antes de la pandemia, Las Vegas era una de las capitales mundiales de bodas.
Datos del Clark County Clerk y registros citados por Guinness World Records indican alrededor de 75,000 bodas anuales en años recientes, lo que equivale a cerca de 200 ceremonias diarias en promedio, con picos mucho mayores en fechas especiales.
Durante décadas, la ciudad operó prácticamente sin temporada baja en este segmento.
El producto abarcaba:
Bodas espontáneas en capillas icónicas.
Ceremonias con Elvis frente al letrero legendario.
Elopements rápidos.
Celebraciones destino de mayor producción en resorts del Strip.
Ese volumen sostenido convirtió a la boda en un componente estructural de la identidad de la ciudad.
El punto de fricción
En una economía en K, el segmento alto puede sostener bodas destino de lujo, producidas en hoteles cinco estrellas y con presupuestos elevados.
El segmento medio, más sensible al encarecimiento general del destino, puede optar por alternativas con menor fricción financiera.
Si Las Vegas orienta su estrategia hacia el visitante de mayor gasto, el producto boda enfrenta tres posibles caminos:
1. Premiumización
Mayor integración con hospitalidad de lujo y experiencias curadas.
2. Desplazamiento geográfico
El segmento accesible migra fuera del Strip, preservando volumen pero perdiendo centralidad simbólica.
3. Pérdida de cuota frente a otros destinos
En un mercado global de destination weddings que crecerá de $47.85 mil millones en 2026 a $82.92 mil millones en 2030, otros destinos pueden absorber la demanda más sensible al precio: Florida, México y el Caribe podrían competir con estructuras de costos aunque con percepciones distintas.
El valor estratégico de las bodas en una economía polarizada
El wedding tourism no solo genera ingresos directos por ceremonias.
Activa:
Estancias prolongadas.
Restauración.
Producción y entretenimiento.
Viajes de invitados.
Retorno futuro para aniversarios y celebraciones.
Además, produce contenido orgánico constante en redes sociales, que funciona como amplificación internacional de marca.
En un entorno de economía en K, las bodas pueden funcionar como puente entre segmentos: captan parejas de gasto medio que, con el tiempo, regresan en categorías superiores.
Reducir ese flujo puede tener efectos acumulativos en la narrativa del destino.
Lo que otros destinos deberían observar
Muchos destinos quieren atraer menos visitantes y más rentabilidad. La experiencia de Las Vegas muestra que ese movimiento es viable desde una lógica financiera, pero reconfigura la base histórica del destino.
Cuando el ajuste ocurre en un entorno de polarización económica, la pregunta central no es si el segmento alto sostendrá ingresos: La pregunta es qué productos históricos quedan tensionados en el proceso.
En el caso de Las Vegas, las bodas forman parte de ese núcleo identitario y con el mercado global de turismo de romance creciendo con fuerza: la decisión estratégica no es abandonar o preservar el nicho, sino definir con claridad cuál será su lugar dentro del nuevo posicionamiento.
Y esa conversación aún está abierta. ¿Qué piensas?